Las migas de pan siguen sobre la mesa
tiesas por no haber disfrutado de tu boca,
insulsas por tus reproches
por no querer saciarte con ellas.
El vino de la copa que dejaste
rompe mis sentidos
y fragua el sinsabor de tu ausencia ambarina.
Mientras tu úlcera afecta a mis recuerdos
sigo pensando en dejar esta bebida
que nunca se olvida de mí.
Sigo pensando que la mejor borrachera
es la de tus ojos,
porque los míos están turbios,
coléricos,
rosados, blancos, tintos,
como el peor vino
como el morapio veneno
que adorna las mesas pobres,
aquéllas que sólo entienden de migas.
Bs
Hace 18 horas

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